Cascada de la Mea y la crecida del río Nela en Puentedey

Un domingo de invierno, después de un temporal de nieve y lluvias que provocó crecidas y desbordamientos de muchos ríos, nos desplazamos hasta Puentedey, un bello pueblo del norte de Burgos, ubicado en la comarca de Las Merindades.

Allí comprobamos los efectos del desbordamiento del río Nela, disfrutamos del espectáculo de la Cascada de la Mea y degustamos las especialidades de los bares de Puentedey.

Crecida del Río Nela en la zona de baños y la bolera
Crecida del Río Nela en la zona de baños y la bolera

Nos acercamos hasta  Villarcayo y tomando la carretera hacia Pedrosa de Valdeporres recorrimos unos 12 kilómetros. Antes de coger la última curva que nos llevaría hasta el pueblo, se apreciaba a lo lejos la Cascada de la Mea, que bajaba pletórica de agua.

 

Crecida del río Nela en Puentedey

Pasada la curva, a la derecha nos sorprendió la bella estampa del pueblo de Puentedey posado sobre un puente natural de piedra horadado por el río Nela, que bajaba enfurecido lamiendo la roca del puente de piedra y desbordándose por las orillas.

Puentedey
Puentedey

Aparcamos el coche junto a la fuente del pueblo y nos dirigimos a contemplar el impresionante puente natural, un verdadero capricho de la naturaleza.

Puente natural de Puentedey
Puente natural de Puentedey

Siguiendo el curso del río comprobamos el rastro de la riada en la zona de baño, donde el agua se había llevado parte del suelo de tierra.

Daños de la crecida del Río Nela en Puentedey
Daños de la crecida del Río Nela en Puentedey

Caminando hacia el barrio de La Barcena y antes de llegar a un túnel, junto al puente del antiguo ferrocarril que atravesaba el río, se podía ver como bajaba el agua de los montes por el Rotin, inundando la zona cementada junto a la bolera y desembocando en el río.

El Rotín de Puentedey
El Rotín de Puentedey

Al pasar el túnel, aparecía a la derecha un campo de futbito, con señales evidentes de haber estado anegado por completo.

Cascada de la Mea

Una vez aquí, tomamos la carretera que conducía hacia Quintanilla de Valdebodres y después de andar un kilómetro, justo después de pasar el cartel que anunciaba la entrada en la Merindad de Sotoscueva, llegamos hasta un pequeño aparcamiento de tierra situado a la izquierda.

Un letrero indicaba el camino a seguir, que se internaba por una zona de bosque bajo, en dirección hacia la Cascada de la Mea, que estaba a unos 270 metros.

Inicio del sendero a la Cascada de la Mea
Inicio del sendero a la Cascada de la Mea

La vista de la cascada, al fondo del estrecho cañón, nos animó a subir la suave pendiente acompañados por el ruido de un pequeño arroyo que llevaba un caudal abundante. En varios tramos había pequeños pozos de agua color turquesa.

Pozas del arroyo de la Mea
Pozas del arroyo de la Mea

Además, en las orillas del curso del riachuelo se apreciaban diferentes especies arbóreas como fresnos, arces, chopos y pequeños arbustos.

Camino a la Cascada de la Mea
Camino a la Cascada de la Mea

Más adelante, se veía el rastro dejado en la ladera por un desprendimiento reciente de grandes rocas, que habían aplastado varios árboles.

Desprendimiento en la Cascada de la Mea
Desprendimiento en la Cascada de la Mea

Según íbamos subiendo, atravesando un pequeño bosque de quejigos, se iba percibiendo con más claridad el ruido del agua de la cascada, que se precipitaba contra un fondo de rocas.

Llegamos hasta una gran piedra en forma de menhir situada al lado del camino y desde allí ya se podía contemplar la Cascada de la Mea.

Cascada de la Mea
Cascada de la Mea

El agua caía desde lo alto de la pared de roca caliza rebotando sobre una gran piedra y siguiendo el cauce del arroyo.

Cascada de la Mea desde el interior
Cascada de la Mea desde el interior

Nos acercamos a la base de la cascada y continuamos por el sendero que pasaba por detrás del torrente de agua y desde allí se divisaba un bello paisaje entre la cortina de agua.

Un paraje único que solo se podía disfrutar en invierno y al inicio de la primavera, coincidiendo con el deshielo y la época de lluvias.

Cascada de la Mea
Cascada de la Mea

Picoteo por los bares de Puentedey

De regreso al pueblo de Puentedey decidimos picar algo en los dos bares de esta localidad burgalesaPrimero entramos en el Bar Victorino, situado cerca del puente natural, pegado a la carretera.

Bar Victorino de Puentedey
Bar Victorino de Puentedey

El local era famoso, desde hacía mucho tiempo, por las raciones de jamón cortado a cuchillo, el queso y los embutidos que servían Abilio y Charo, los dueños del local.

Barra del Bar Victorino de Puentedey
Barra del Bar Victorino de Puentedey

Los domingos también preparaban raciones de ancas de ranarabas de calamar (4€) y esta última fue nuestra elección. Las rabas servidas en trozos pequeños estaban crujientes y con buen sabor. Un acierto.

Rabas del Bar Victorino de Puentedey
Rabas del Bar Victorino de Puentedey

Salimos del bar y siguiendo la acera junto a la carretera en dirección a Pedrosa, a unos 50 metros, se encontraba el Bar La Montañesa.

Bar La Montañesa de Puentedey
Bar La Montañesa de Puentedey

Elegimos el Pincho denominado Tremendo (1,30€) compuesto de bacon, huevo de codorniz, solomillo de cerdo, queso de cabra y cebolla confitada. Un bocado contundente y sabroso.

Pincho Tremendo del Bar La Montañesa
Pincho Tremendo del Bar La Montañesa

Un breve paso por los dos bares de Puentedey, que cada uno con su estilo y sus especialidades daban ambiente y animaban a quedarse un poco más en este enclave burgalés de la Merindad de Valdeporres.

Antes de marcharnos de Puentedey, cuando caía la tarde, pudimos contemplar el puente natural iluminado por varios focos que realzaban la espectacularidad de esta maravilla de la naturaleza.

Puente natural iluminado de Puentedey
Puente natural iluminado de Puentedey

Una jornada bien aprovechada en Puentedey, realizando un ruta fácil hasta la Cascada de la Mea, disfrutando de la belleza de su Puente Natural y degustando varios pinchos en sus bares.

Texto: Txema Aguado

Fotografía: Esther Saiz y Txema Aguado

Author: yendoporlavida

Somos Esther y Txema, dos viajeros que disfrutamos de las cosas interesantes que nos encontramos en cada pueblo o ciudad. Nos gusta visitar bodegas, comer en restaurantes y bares de tapas, realizar rutas de senderismo, acudir a conciertos y participar en cualquier evento cultural o festivo que se precie. Solo contamos las experiencias positivas. Nos vemos en el camino.

4 thoughts

  1. MUY BUENO el reportaje, completísimo (y hasta apetitoso por demás). Las fotos también, GRACIAS.

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