El arte de la parrilla en el Bodegón Joxe Mari de Orio

La vida nos acercó hasta la villa de Orio, situada en la costa de Gipuzkoa, muy cerca de Zarautz, famosa por sus playas, el surf y el cocinero televisivo.

Orio era un municipio partido por la ría de Oria que lo cruzaba y desembocaba en sus costas.

Aparcamos en la zona de la playa y nos dirigimos hacia el casco urbano, contemplando a nuestro paso varias banderas que colgaban de las ventanas y balcones de las casas del municipio costero. Eran amarillas, del color de la trainera de remeros de la localidad, muy seguida por sus habitantes.

Una vez en el centro de la villa, vimos varias parrillas enormes, situadas en la calle junto a los restaurantes. Ver los pescados calentándose sobre la brasa y el olor que desprendían, nos animó a decidirnos a probar estos manjares.

Parrilla exterior

Parrilla exterior

Después de preguntar en varios restaurante y asadores, recalamos en el Bodegón Joxe Mari, situado en la Herriko emparantza, muy cerca de la ría, donde nos buscaron un sitio compartiendo la mesa con tres comensales más.

En la acera, junto a la puerta del restaurante tenían colocada una parrilla y una mesa, donde el cocinero manejaba con cariño los pescados y la carne, que servían en el restaurante.

Pescados en la parrilla

Pescados en la parrilla

Pasamos al comedor de paredes de piedra, decorado con cuadros y motivos marineros y nos situamos en una mesa, al fondo del mismo.

Una camarera muy simpática nos trajo la escueta carta, donde aparecían los entrantes, los pescados, la carnes y los vinos que servían en el local.

Entre los pescados que servían estaban el rape, el rodaballo, el sargo, el cogote de merluza, y al final nos decantamos por el besugo.

Para beber elegimos una botella de txakoli Txomin Etxaniz (16,50€) del 2014 con D.O Getariako Txakolina. El líquido cristalino con toques dorados tenía un punto seco y era ligeramente espumoso, característica del  txakoli elaborado en Gipuzkoa, que lo diferencia del txakoli de la D.O. Bizkaiko Txakolina. Por ello, la botella  venía con un escanciador incorporado para romper el txakoli en el vaso, al estilo de la sidra. Muy rico y no demasiado espumoso.

Comenzamos con media ración de bonito del norte en aceite de oliva (6€) acompañado de una cebolleta blanca dulce y muy suave. La textura y el sabor del túnido eran inmejorables.

Continuamos con media ración de anchoas del cantábrico en aceite de oliva (7€) en su punto de sal y con un sabor exquisito.

Una vez degustados estos pequeños manjares de la mar, que se elaboran con maestría en la mayoría de las conserveras del Cantábrico, esperamos con ganas la llegada del besugo, que se estaba asando en la parrilla.

No se hizo larga la espera y en unos minutos apareció  la camarera con una bandeja plateada, donde reposaba el besugo asado (80€/kilo) bañado por un líquido milagroso y varios ajos fritos.

Besugo

Besugo

El aspecto de la pieza del pescado  era tentador  y fuimos sirviéndonos varias raciones en el plato.

Parrillero

Parrillero

La carne se presentaba tersa y sabrosa con el gusto especial que dejaba  la brasa. La salsa que acompañaba al besugo no estaba aceitosa y tenía un punto de aliño muy conseguido.

Una experiencia gastronómica en el Bodegón Joxe Mari de Orio, Gipuzkoa , donde primó la excelencia del producto y la sencillez y maestría en la elaboración frente al fuego de la parrilla.

Texto. Txema Aguado

Fotografía: Esther Saiz

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