Restaurante Casona del Judío, una grata sorpresa en Santander

Un sábado de agosto nos acercamos hasta la ciudad de Santander para disfrutar dando un paseo por la Playa del Sardinero y aprovechamos la ocasión para comer en el Restaurante Casona del Judío.

Paseamos por el concurrido arenal de la Playa del Sardinero, escoltados por los edificios del Gran Casino y del Hotel Sardinero.

Playa del Sardinero

Playa del Sardinero

Desde la playa contemplamos el Faro de Cabo Mayor, la península de la Magdalena y el Faro de la Isla de Mouro, situada en la entrada de la Bahía de Santander.

Después del paseo nos dirigimos hacia el Restaurante Casona del Judio, situado en la calle Repuente nº 20 del Barrio de Monte, pasando por la Avenida de las Universidades.

Casona del Judío

Casona del Judío

Encontramos el establecimiento escondido entre edificios en un barrio fuera de la zona turística de la capital cántabra. Disponía de un aparcamiento propio, una gran carpa y un comedor, ambos acristalados, junto a una casona indiana del siglo XIX, donde se ubicaban varios comedores, que ocupaban las antiguas dependencias del primer piso del edificio.

Entramos en el restaurante y nos sentamos en una mesa del comedor con grandes ventanales, adosado a la antigua casona.

Mesa del comedor

Mesa del comedor

El local estaba muy bien decorado, alternando motivos tradicionales, como las paredes de piedra y artículos vintage, con mobiliario vanguardista y una cuidada iluminación, que junto a la música que sonaba, estilo new age y chill out, creaban un ambiente muy acogedor.

Disponía de un espacio con mesas altas, una moderna estufa y un rincón con libros y revistas a disposición de los clientes.

La camarera nos trajo la carta y después de estudiarla, nos decantamos por el “Menú sorpresa” (28€/persona) que consistía en cuatro platos sorpresa para compartir y un plato de la carta a elegir, mas el postre del día.

Para acompañar la comida hicimos caso a Erika Vazquez, la sumiller, que nos ayudó a decantarnos por una botella de Honoro Vera (14€), vino tinto garnacha del 2013 de la D.O. Calatayud, vino fresco y suave pero con un toque final que dejaba huella. Una buena elección.

Vino Honoro Vera 2013

Vino Honoro Vera 2013

Pronto llegó a la mesa el primer plato sorpresa, Buñuelos Cremosos de Bacalao, con alioli. Muy ligeros y con un sabor conseguido.

Buñuelos cremosos de bacalao

Buñuelos cremosos de bacalao

Continuamos con los Pimientos Asados a la leña, confitados con aceite de oliva virgen extra, que estaban muy tiernos y carnosos. Una delicia.

Pimientos Asados

Pimientos Asados

Pasamos al tercer plato sorpresa, Tartar de Salmón rojo con aceituna negra, donde destacaba la calidad de los pequeños trozos del pescado acompañados de un riquísimo helado de tomate.

Tartar de Salmón

Tartar de Salmón rojo con aceituna negra

El último entrante sorpresa fue el Pulpo a la brasa de otra forma, con berros y una base de patata, pimentón, aceite y un toque de curry. Un plato sorprendente.

Pulpo a la brasa de otra forma

Pulpo a la brasa de otra forma

Como plato principal elegimos:

Bacalao a la brasa con tomate. El pescado se abría en perfectas láminas de un sabor excepcional, que ligaba bien con el dulzor del tomate deshidratado y el punto cítrico de la hierba del rocío, que acompañaban el plato. No me extraña que obtuviese en 2013 el Premio al Mejor Plato de Bacalao en España, como aparecía en la carta.

Bacalao a la brasa con tomate

Bacalao a la brasa con tomate

Paletilla de Cordero Lechal, avellanas, láminas de cebolleta y su jugo. La paletilla venía deshuesada y la carne estaba suelta y jugosa, bañada por el jugo caramelizado del cordero. Un gran plato.

Paletilla de cordero lechal

Paletilla de cordero lechal

Para finalizar llegó el postre del día, Nuevo 100% Chocolate, brownie, helado y tarta de chocolate salpicados por pequeñas virutas de tierra de chocolate crujientes. Sin palabras.

Nuevo 100% Chocolate

Nuevo 100% Chocolate

El responsable de la cocina, el chef Sergio Bastard, salió a la sala a saludar y preguntar a los comensales. Cuando llegó a nuestra mesa, tuvimos que decirle la verdad, todo perfecto.

Además nos habló de la nueva etapa del restaurante, enfocado a ofrecer la comida de siempre con un tratamiento y una presentación innovadora, accesible a todos los públicos.

Después de la comida nos acomodamos en un espacio exterior decorado con grandes cuadros de actores y unos cómodos sofás que le daban un toque informal.

El Restaurante Casona del Judío de Santander fue un gran descubrimiento y un motivo más para visitar esta bella ciudad del norte.

Texto y Fotografía: Txema Aguado

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